EDITORIAL
Un problema que preocupa[AMPLIAR TEXTO] |
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En Magangué, muchos ancianos tercos y algunos desquiciados o locos por la mala situación en que han vivido tienen su hogar en la calle, duermen en algún rincón de un edificio o parque, cubiertos por viejas mantas o un cartón, sobre el duro piso que les sirve de colchón. Pasan el día deambulando sin rumbo por las calles, cargando sus posesiones (viejas ollas, frascos, palos, etc.), cuidados por perros callejeros que los acompañan y comparten los mendrugos sobrantes de las comidas que gentes de buen corazón les brindan a estas personas, llamadas (elegantemente) indigentes o de la tercera edad. Las autoridades en esta ciudad no saben cuántos de estos indigentes hay porque no se ha efectuado un censo. Los sitios más frecuentados por ellos son el parque de Las Américas, el cementerio, los Transportes y el centro. Irónicamente, como con los niños, la Constitución Nacional, en uno de sus artículos reza que el Estado, la sociedad y la familia concurrirán para la protección y la asistencia de las personas de la tercera edad y promoverán su integración a la vida activa y comunitaria y el Estado les garantizará los servicios de la seguridad social integral y el subsidio alimentario en caso de indigencia. Algunos funcionarios afirman que es muy complicado brindarle ayuda a todas estas personas, pues no se cuenta con un censo o base de datos sobre los necesitados y muchos de ellos no tienen documentos de identidad, y agrega que es importante la colaboración de la gente en el suministro de información sobre familiares. Se ha conocido que en lo corrido de este año varios ancianos han sido vinculados a algunos hogares de bienestar; y que cuando estas personas que se encuentran en la calle no tienen documentos, el proceso demora más tiempo pues hay que volver a sacar cédula, sisbenizar y vincular al régimen subsidiado. En Magangué muy pocas iniciativas de este carácter logran sobrevivir. Y es que sostener una institución para los abuelos indocumentados, dementes o indigentes que cuente con lo básico, como aseo, alimentación, y medicinas cuesta alrededor de $200 mil pesos mensuales por cada anciano. Esta es una situación que verdaderamente preocupa a los magangueleños cuando observan a más de un anciano tirado en los corredores pidiendo limosna, buscando en las basuras a ver que encuentra para comer y otros con un saco recogiendo toda clase de papel u objeto brillante que le llame la atención. Hay que hacer algo por estos ancianos.
| Noticia enviada
por: magangue el dia:2010-07-28 |(Ed:3334-13)|Volver a Noticias
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